Los vecinos

viernes, 29 de marzo de 2013

Pesadilla


En aquella ciudad lo bello era lo grande. Lo simétrico, lo armónico, lo proporcionado, se consideraba vulgar. Lo extraño era lo destacable y dentro de eso, lo era positivamente lo orondo, lo expansivo, lo descomunal. 
En aquella ciudad las casas eran de muchas habitaciones y pocos pisos, crecían dilatándose en grandes avenidas de mínimo ocho carriles o sobre plazas peatonales de kilómetros de circunferencia. Los cipreses estaban prohibidos, los semáforos eran cuadrados y no existía el pequeño comercio sino los grandes almacenes, más grandes que en ningún otro lugar. Todo ocupaba un tamaño XXL: los buzones, las propias cartas, las farolas de tres o cuatro brazos, los contenedores de basura, las aceras y sus bordillos, los sauces llorones que crecían por todos lados expandiendo sus lágrimas.
En aquella ciudad, también las personas eran grandes. Jamás se escuchó una voz de "gordo" o "gorda" de manera despectiva. La circunferencia era lo bello y así también los peinados de las mujeres eran casi todos iguales: casquetes de rizos o de pelo liso, pero circunferencias casi perfectas sobre sus redondas caras. Los pendientes redondos, las monturas de las gafas redondas, los sombreros hongo, el colorete de las mejillas como pequeños planetas sobre el rostro, el perfilador de los labios, las cejas depiladas como medias lunas...
Así le contaba al psicólogo la paciente con obesidad mórbida. 
- ¿Y sabe, doctor? -continuó con su diatriba-, en este sueño repetitivo, el que tengo todas las semanas y me obliga a levantarme para atacar la nevera a media noche, yo, Doctor, yo, no lo creerá, pero soy la única flaca.

miércoles, 27 de marzo de 2013

La confundieron con Dios

Se metió en un huevo y espero. El tiempo suficiente y a temperatura adecuada como para poder renacer de nuevo. Lo que la descolocó es que, al hacerlo, la confundieran con Dios. 
Quería explicar, pero todo lo que decía se entendía mal. 
- Soy una mujer como tú. Descansé y renací, soy como tú.
Algunos pensaron que era tan humilde que abogaba por la sencillez, que esa era la única vía de vida consciente, la única resurrección posible. Otros vieron  una metáfora en sus palabras: todo ser humano es un ser divino y eso nunca muere. Otros vieron ironía, otros engaño, siempre según la capacidad del observador. Y en poco tiempo su nombre se convirtió en profecía, su huevo en icono de lo sagrado, su historia en misterio, su imagen en plegaria y su vida fue reinventada -tal como pretendía, qué paradoja- hasta convertirla en la esperanza de millones de seres humanos.
Antes de morir todavía no había pasado todo eso y aún sin poder imaginar que ocurriría, decidió dejar un testimonio escrito de su verdad: "Lo divino y lo terrenal está en tus ojos. Y lo demoníaco existe para evitar que lo sepas" 
Después de miles de años todavía se busca el huevo y todavía se busca el manuscrito. Sus huesitos ya han desaparecido. Como los de todos.

viernes, 22 de marzo de 2013

Ni llave, ni cerradura ni corazón

- Hay corazones sin cerradura ni llave -sentenció en un susurro mientras se retorcía los dedos con fuerza con el pañuelo de hilo, casi cortándose la circulación. 
No le hablaba a nadie en particular pues en casa estaba sola, pero se lo gritaba a él para que escuchara su queja de alguna manera, tal vez en el goteo incesante de ese grifo sin arreglar de su fregadero que tanto le sacaba de quicio mientras desayunaba, o en los chillidos histéricos de los niños de la plaza cuando quería dormir la siesta y no le dejaban o, contrariamente, en el silencio gelatinoso, como arena movediza, que le atrapaba algunas noches mientras permanecía pegado a ese móvil que nunca sonaba.
- Te equivocas conmigo -continuó después de beber un sorbo de agua-, así no me tienes, así me alejas.
Ni llave, ni cerradura, así me alejas...
Y mientras ella seguía lamentándose de tanta equivocación, de tanta confusión, de tanta maldad, él miraba por el canal digital un partido de fútbol intrascendente y aburrido, lo único que podía hacer cuando no había llave, ni cerradura, ni siquiera corazón.
"Hay torpes que se estafan a si mismos mientras creen que te engañan a ti"

miércoles, 20 de marzo de 2013

Norooz 2013

Y para no repetir explicaciones, aquí va el enlace del año pasado: http://casazar.blogspot.com.es/2012/03/nowruz-2012.html
Feliz primavera, Norooz mobarak!

martes, 19 de marzo de 2013

Haram Halal

Despertarse y continuar nuestra existencia intermitente con esta idea dual del bien y el mal, implícita en cada paso es una verdadera condena. Mis marroquíes me hablan, orgullosos, de Haram (el pecado, lo prohibido) y de Halal (la virtud, lo conveniente) como si fueran los únicos poseedores de esta, para ellos, revelación  indiscutible de la que quieren hacerme partícipe (porque...-y les cito- yo soy muy buena, sólo me falta convertirme al islamismo para conseguir la bendición total) cuando esta polaridad o disociación de las cosas forma parte de las creencias del ser humano aquí y allí, desde el cristianismo o desde el islamismo. Y no entro en otras religiones que conozco menos. Hemos crecido en la dualidad, nos han educado en la polaridad, vemos mejor el espacio entre contrarios que otra cosa. Su Haram y su Halal es nuestro bien y nuestro mal, no hay diferencia.
Y yo que, sin duda, después de muerta me quemaré en el infierno -según los cristianos extremistas y según los musulmanes convencidos, y en ambos casos por idénticas razones- no puedo ver esta dualidad más que como una condena, como un error, como una estupidez, como una limitación.
Si la música es haram yo quiero ser pecadora; si la culpa es halal yo quiero arder en el infierno; si beber vino es haram, yo quiero emborracharme hasta la risa; si la sumisión es halal, yo quiero ser libre; si amar es haram yo quiero ser la mayor amante, si llorar es halal yo quiero sacar la lengua a la tristeza. 
Creo en lo divino, repudio lo religioso; creo en la magia, aborrezco lo normativo sin fundamento temporalizado; amo la libertad, rechazo los dogmas gratuitos seguidos por costumbre y sin reflexión; creo en la unión de los contrarios, en la complementariedad de todo lo que conforma el universo, en que bien y mal conviven -deben convivir todavía-  y crean armonía, a pesar de todo. 
Me enternezco.

viernes, 15 de marzo de 2013

Los músicos brillaban

Resultó que en esa ciudad italiana, Corchea creo que se llamaba, aconteció en la última primavera un extraño fenómeno: los músicos brillaban. Sí, de la cabeza a los pies, con una luz blanquecina que era como una pátina sobre su piel. No es que irradiasen, ni tampoco reflejaban, simplemente parecían vestir una piel ligeramente brillante, cálida y al final claramente molesta pues destacaban donde fuera que se movieran. 
Todos aquellos hombres y mujeres, algunos jóvenes, otros viejos, algunos bellos, otros feos, algunos elegantes, otros descuidados, todos aquellos músicos cuya sensibilidad antes pasaba desapercibida en su vida cotidiana, en el supermercado, en las aceras, en la parada del autobús, en la consulta del centro de salud, a partir de esa primavera no podían mezclarse anónimamente con el resto de ciudadanos. Los músicos brillaban y lo más extraordinario: ellos eran música. 
Cuentan que sus pasos, aún sin pretenderlo, sonaban como un poema sinfónico de Strauss. Cuentan que cuando alguno de ellos estaba enamorado, pongamos que tomando un café con leche en la terraza de una cafetería esperando la llegada de su amor que se retrasaba, el tamborileo de sus dedos sobre su regazo sonaba como una pieza de Beethoven. Cuentan que el violín de Bach lloraba desde algunos balcones y que algo tan anodino como esperar el autobús podía terminar siendo un tema de Mozart. 
Ningún músico pasaba desapercibido y a su paso los demás hombres sentían tan intensamente que casi se hacía insoportable tanta belleza y tanta luz. Cuentan que nadie pudo soportarlo, ni ellos ni los otros y sólo encontraron la solución atrapando la música dentro de los instrumentos. A partir de entonces los músicos sólo brillaban cuando tocaban. Cómo lo consiguieron es otra historia.

viernes, 8 de marzo de 2013

Mujer

Alicante

Trabajo con mujeres que caminan encogidas con los ojos mirando al suelo, que se ruborizan fácilmente si alguien las mira, que se ocultan en las sombras y en las esquinas, que tapan su belleza, que se sienten más frágiles que los hombres, que se limitan.
Convivo y me cruzo con mujeres que caminan contoneándose con los ojos mirando al horizonte, que miran si las miran, que andan en medio de la acera y realzan su belleza como pueden, que se sienten iguales que los hombres y sus límites no los alza el género.
Admiro a mujeres que caminan, que ven, que miran, que son belleza, buscan la belleza y dan belleza, que son fuertes, que no se limitan. 
Quiero que llegue el día en que no haya que reivindicar a la mujer.

martes, 5 de marzo de 2013

Tenemos lo que tememos

-Tenemos lo que tememos -sentenció en un momento de parálisis, para continuar, frenético, buscando esa llave que no encontraba. La maldita puerta no se abría y todo el tesoro estaba el otro lado. Miró por la cerradura y lo vio todo, ahí estaba, a penas a unos centímetros, pero no encontraba la llave. 
La tuvo, recordaba como la tenía, recordaba también cómo temía perderla. Incluso la llevó una temporada colgada del cuello, en una larga cadena de plata que le llegaba hasta el corazón. Hasta que llegó el verano y decidió alejarla de su piel. 
La llave rodó por toda la casa: la puso en la cajita verde de los amantes de Chagall, en el gancho de la puerta junto a las llaves de la entrada, en el cuenco de madera al lado de la peonza y la piedra serigrafiada con la palabra "amor", en la estantería de los libros buenos, debajo de la alfombrilla del baño, en la tetera granate, la que nunca usaba, dentro de una de las muñecas rusas, la mayor...
Pero ahora buscaba, buscaba la maldita llave y no aparecía.
- Tenemos lo que tememos -sentenció de nuevo. Pero tanta lucidez no le sirvió para encontrarla.

domingo, 3 de marzo de 2013

Elche

 Elche tiene la Dama y muchos detalles preciosos, pero lo que más tiene son palmeras, muchas palmeras...