Los vecinos

domingo, 17 de febrero de 2013

Domenica strana


En sueños, habla con ella todo lo que no le dice nunca. Conversan ahora por teléfono, cariñosos, cada uno en el mismo lado de sus camas distintas a tantos kilómetros de distancia. Gracias por tu llamada, le dice ella y las mariposas le acarician el estómago mientras siente libremente el amor, más tierno que lascivo, que en la vigilia normalmente reprime. 
De repente, flash! de nuevo la lámpara con sensor de presencias del pasillo se dispara. Ese chasquido lumínico es suficiente para sacarla de un sueño que parecía tan profundo. Abre los ojos, mira el reloj de la mesita, las 6 en punto de la mañana, se incorpora y ve la luz encendida al otro lado de la puerta abierta, escucha, no se oye nada, mira, no ve nada. No piensa en ningún ladrón, sino en su amigo-amiga-fantasma que la visita una noche cada varios meses, siempre a la misma hora, olvida preguntarle qué quiere, se acurruca de nuevo, tiene frío, un poco de miedo, se duerme...
Unas horas después, empieza su día, es domingo y decide visitar el cementerio, no sabe muy bien por qué. Es un día de temperatura templada, parece primavera aunque los grises nubarrones del horizonte anuncian una próxima tormenta invernal. Mira las cruces recortadas en el gris plomo del cielo, los ángeles, se lamenta de no haber traído la cámara de fotos y apunta en su lista mental de temas pendientes hacer un catálogo de ángeles cementeriales. Se entretiene leyendo los epitafios, obviando las fotos de los fallecidos que le producen escalofríos, buscando los detalles esculpidos más originales, sus apellidos, las lápidas más antiguas. En una tumba de principios de siglo XX lee un epitafio larguísimo y elogioso a un condecorado luchador de la guerra de Cuba, ingeniero de ferrocarriles, ilustre descubridor de la "Mano negra". Le entra un escalofrío, no sabe qué significa esa frase y piensa en organizaciones masonas, pero no entiende nada. Anota en su lista mental de temas pendientes buscar información sobre el tema. 
Sigue su camino buscando la sepultura familiar, la encuentra cerca de las tenebrosas catacumbas de nichos antiguos, en una esquina cerca del mejor panteón y de la tumba del cantante de ópera Francesco Uetam. Es la única tumba de la época que no tiene hierros forjados modernistas de lineales cuadrados o flores retorcidas, sino simples notas musicales. Su ángel negro es arpista, pero el instrumento ya tiene las cuerdas rotas y el musgo le cubre las alas. Siente desolación. Regresa a la tumba familiar, le es ajena, reza un padrenuestro, sigue sintiendo que allí no hay ninguna alma, escucha un ruido entre la hojarasca, ve una sombra de reojo, gira la cabeza y descubre una gallina caminar parsimoniosa entre las tumbas. Es negra, con el pico rojo, pero no le produce ningún miedo, con esos pasos cortos y sus alas pegadas al cuerpo, un poco en jarras. Todo le resulta tan extraño que no puede evitar autoabrazarse en un gesto cauteloso que le hace sentir su propio calor, constatar su presencia. Las palomas vuelan sobre las cúpulas escamadas de los panteones. Y como el cielo cada vez se densa más, ella decide volver a casa mientras anota en su lista mental de temas pendientes enviar a su amor soñado un cariñoso correo.

5 comentarios:

  1. La despierta un fantasma y decide visitar el cementerio. ¿No será que ese ente reclamaba un poco de compañía? Si me sucediera a mí, ese fantasma debería esperar unas cuantas horas porque "mi cementerio" me queda a 150 kilómetros de distancia.

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    1. Paseante, mi fantasma no está en ese cementerio...:)

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  2. Fem pensar que t'expliqui una història del meu "amic fantasma" i la foto que li vaig fer.

    M'agradat molt aquest relat, és com si ho hagués viscut jo mateixa.
    Aferradetes.

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